Para nadie es un secreto que el mundo enfrenta actualmente un ambiente de polarización que tiende a dividir y a catalogar como enemigo a todo aquel que no comparte mi propio punto de vista. Esto nos está llevando a no desarrollar pensamiento crítico, a no respetar la diferencia y abstenernos de alguna posibilidad de diálogo con el otro. Porque justamente, lo que la polarización pretende es excluir totalmente al opuesto, solo es válido lo que dice el grupo al que pertenezco y la defensa de esta postura incluso parece facultar la toma de decisiones que fuera de este esquema podrían ser poco éticas y violentas.
Aquí es clave que respondamos desmarcándonos de este tipo de tendencias que no contribuyen a establecer una sociedad en la que es posible construir con alguien que no piensa igual que a mí. Intentar que todo sea de un solo color o visión es prácticamente imposible, porque acabaría justo con la singularidad de cada persona, con la riqueza que surge de contrastar visiones y de abordar los problemas desde diversos ángulos.
Te dejo cómo se ve el amor en tiempos de polarización a manera de reflexión, para que cada uno de nosotros aporte desde su realidad y dejemos de lado esta forma tan cerrada de cómo entender el mundo.
Es capaz de ver más allá de las posturas diferentes a un ser humano que siente, que le duelen cosas y que también tiene temores válidos. Esto permite sentir al otro como un ser que también tiene dignidad, que merece ser tratado con el mismo respeto con el que yo quisiera que me trataran a mí.
Sabe que es mejor tener paz y no necesariamente la razón. Así que aunque no abandona sus convicciones, puede construir y trabajar con el contrario. A veces el miedo ante lo que es diferente proviene de no tener argumentos sólidos, porque no se conoce con propiedad la postura que se defiende. Quien está seguro de su punto de vista es capaz de conversar con otros, porque su finalidad no es ganar, sino contrastar, compartir e invitar a conocer otra forma de comprender la realidad.
Respira antes de hablar, de escribir o de señalar. Se cuestiona desde la razón qué busca el otro con sus intervenciones y responde respetuosamente. Uno de los peligros de la polarización es que pareciera que el grupo al que se pertenece le diera a la persona el poder de atacar al otro sin compasión y con vehemencia. Entonces se termina insultando, etiquetando, violentando al otro, porque al verlo como enemigo el objetivo es su extinción. Así que quien ama es capaz de detenerse ante la agresión y no contestar de la misma forma.
Ama al contradictor, porque es una expresión irrefutable de que Dios hace morada en su corazón. Quien ama puede descubrir en el otro el rostro de Jesús, puede verlo con compasión y darse cuenta que aunque no comparte sus mismas creencias, posturas políticas, gustos, etc., es merecedor de amor y por ende, su vida también es igual de valiosa.
Puede tomar distancia de quienes son sus referentes, poniendo en perspectiva la verdad que defienden, de tal manera que no se ciega ni cae en fanatismos. Una cosa es que se comparta con otros lo que se cree, pero otra muy diferente dejarse usar por esos que dicen alzar la voz para defender lo mismo. Es fundamental tener criterio propio e incluso llamar la atención dentro de la comunidad a la que se pertenece si se intenta polarizar al grupo.
Tiene el talento de encontrar aquello que es significativo para ambas partes y proponer líneas de conexión. Los objetivos se pueden perseguir desde diferentes caminos, pero es clave encontrar justamente eso que nos permite coexistir con lo opuesto. La paz, el cuidado por el planeta, la solidaridad, el bienestar de los más pobres pueden hacernos trabajar conjuntamente y encontrar estrategias donde las distintas formas de entendernos contribuyan con lo mejor de cada propuesta.